El que paga la fiesta pone los músicos

LOC1 Hay un refrán que dice “el que paga la fiesta pone los músicos”, y parece ser que la clase político-empresarial del país ha sido y es experta en llevar a la práctica este dicho popular, y para que nos quede más claro el por qué , vamos a repasar un escándalo un poco añejo, pero que días atrás despertó nuevamente el interés de algunos.

LOC2 A mediados del mes pasado, el ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias Sánchez, hermano del presidente Arias, presentó un recurso de amparo ante la Sala Constitucional, tras conocer un nuevo informe de la Contraloría General de la República que hace referencia a algunas de las contrataciones efectuadas en el marco de las dos cooperaciones financieras no reembolsables aportadas por el BCIE en beneficio del Gobierno de Costa Rica.

LOC3 Recordemos que fueron 2 millones de dólares dispuestos por el Banco Centroamericano de Integración Económica, para contratar asesores de confianza. Después se conoció que fueron 84 los contratos realizados con ese dinero, el cual Rodrigo Arias prefirió dejarlo en las cuentas del BCIE, para – y escuche bien esto -“evitarse” las complicaciones que implica el manejo de dineros del sector público.

LOC1 Y bueno, ya todo lo demás es historia: Rodrigo contrató a sus amigos, conocidos y demás amigos de amigos para que le brindaran consultorías al Ministerio de la Presidencia y a todas y todos les pagó sumas millonarias por sus servicios profesionales, gastándose casi un millón 600 mil dólares en consultorías para imagen, prensa y consejería legal; también le pagó a varios asesores legislativos, a un mensajero y hasta para músico le alcanzó la plata.

LOC2 Y a pesar de que aquello ¡no olía para nada bien! el Área de Servicios Sociales de la División de Fiscalización Operativa y Evaluativa de la Contraloría General de la República elaboró una investigación sobre este caso, emitiendo un informe el 22 de octubre en donde determinó que: “en virtud de que la modalidad de ejecución acordada entre el BCIE y el Ministerio de la Presidencia, fue la de una cooperación financiera no reembolsable en bienes y servicios de hasta un millón de dólares para cada convenio, los fondos aportados por ese Banco conservan su naturaleza de fondos públicos internacionales, razón por la cual no le aplica la normativa interna de nuestro país”.

LOC3 Sin embargo, por alguna razón que aún desconocemos, pero que de fijo no es la conciencia de nadie, la División de Asesoría y Gestión Jurídica de la Contraloría General de la República, en resolución del 2 de febrero del 2009, decidió la apertura de un procedimiento administrativo de la hacienda pública contra el Ministro de la Presidencia. Posteriormente, el pasado 10 de febrero de 2009, la División de Fiscalización Operativa y Evaluativa de la Contraloría General de la República emitió un segundo informe respecto de este tema.

LOC1 Y Rodrigo Arias, muy indignado porque cómo que otra vez con la majadería de la platilla que el BCIE les regaló, informó que “en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales presentó un recurso de amparo ante la Sala Constitucional “por irregularidades en el traslado de cargos y violación del debido proceso” en la pretensión del órgano director del procedimiento de la Contraloría de abrirle un proceso administrativo.

LOC2 Y agregó que “la donación del BCIE consistió en bienes y servicios en beneficio de programas de interés público del Gobierno de la República. La administración de los recursos y la ejecución de la cooperación estuvo a cargo en forma exclusiva del donante. Además, los recursos del BCIE no son fondos públicos ni fondos de origen público para los efectos de su administración y fiscalización; y que además, en la normativa nacional no existen disposiciones que regulen las donaciones de personas jurídicas internacionales de bienes y servicios, y estas se rigen por los términos convenidos entre las partes. La hacienda pública está integrada únicamente por los fondos públicos y por tanto, el régimen disciplinario existente se vincula a ese concepto.

LOC3 Y la Sala Constitucional le da la razón al Rodrigo Arias sosteniendo que “Tal y como lo señala el señor Arias Sánchez, efectivamente, este órgano contralor es el encargado de la fiscalización superior de la Hacienda Pública, encargo realizado por el Constituyente y posteriormente regulado por el legislador. También, resulta ajustado a la realidad que la competencia material de la Contraloría General de la República encuentra sus límites en el concepto de Hacienda Pública”.

LOC1 La misma División de Fiscalización Operativa y Evaluativa de la Contraloría ha reconocido que “nuestro ordenamiento carece de disposiciones específicas que regulen lo relacionado con la percepción de cooperaciones no reembolsables que sean dadas en asistencia técnica, bienes y servicios”

LOC2 Y como no hay ningún instrumento legal que norme el uso de donaciones de entes privados al Gobierno, acá pueden hacer una piñata y reventarla donde mejor les parezca sin darle cuentas a nadie. Por lo tanto, si algún funcionario público fuera llamado a rendir cuentas por “mal manejo de donaciones” no enfrentaría una causa penal, ni civil, sería más bien una amonestación personal o sugerencia de que la próxima vez que se embolse plata lo haga como los grandes: sin dejar rastros.

LOC3 Ellos escriben las leyes, y se las hacen a la medida, piensan en todo, no se les pasa nada, por eso es que les queda como anillo al dedo el viejo refrán: ellos tienen la plata y ponen la música que más les suena.

LOC1 Lo que pasa señores y señoras, es que nosotras y nosotros, no bailamos ese ritmo.

El largo viaje de las drogas

La primera gran droga del siglo XIX fue la morfina, uno de los derivados del opio, que fue la droga más consumida en el extremo oriente y cuyo tráfico provocó guerras y conflictos políticos de alto nivel.
La morfina, creada como medicamento, fue utilizada en la guerra civil estadounidense y otros conflictos bélicos por su capacidad para calmar el dolor. Pronto, la morfina fue utilizada por médicos, terapeutas y personas de la bohemia.
Poco después y cinco veces más poderosa, fue creada la heroína por la entonces pequeña farmacéutica Bayer y vendida libremente en todos los continentes durante muchos años.

La cocaína es aislada por primera vez en 1859 por la farmacéutica Merck y pronto se comercializa a gran escala, vendida como “alimento para los nervios” y “cura para la tristeza”. El psicólogo Freud fue en su momento autoridad mundial sobre esta droga, considerada en aquella época una “panacea terapéutica”. Como derivado de la cocaína nace la Coca-cola, que pronto se hará famosa en todo el planeta.
Las drogas fueron experimentadas e incorporadas a sus obras por artistas, escritores e intelectuales, especialmente la marihuana y el hachís, derivados del cannabis.

Pronto en Estados Unidos las drogas se empiezan a ligar a grupos sociales pobres y grupos étnicos. Los negros son ligados a la cocaína, los latinos a la marihuana y los irlandeses al alcohol.

Mientras tanto los médicos y farmacéuticos lanzan una batalla contra curanderos y yerberos con el fin de consolidar un monopolio sobre la producción de drogas. Las compañías farmacéuticas alían con la ola de puritanismo para poder controlar los fármacos.

Con las drogas en las farmacias y droguerías no se dan sobredosis ni estímulo a la criminalidad. A mediados del siglo XX los consumidores son personas de la segunda y tercera edad, bien integrados social y laboralmente que comenzaron a consumir morfina y cocaína por recomendación médica.
El discurso sobre las drogas, que hasta entonces había sido controlado por las farmacéuticas, pasa a ser controlado por los jueces y policías, qué son los que deciden cuando y en qué cantidades se recetan drogas.

La cruzada contra la cocaína y los derivados del opio hace que la policía encarcele a miles de médicos y farmacéuticos. Rápidamente cambia el tipo de consumidor: ahora son usuarios más jóvenes y más empobrecidos, con antecedentes penales y ligados al mercado negro.
La ley seca que se aplicó entre 1920 y 1933 prohibiendo la venta y fabricación de bebidas alcohólicas mandó miles de personas a la cárcel, disparando la corrupción, las bandas organizadas y el contrabando. Provocó muertos por intoxicación debido a alcohol adulterado y lesiones permanentes como ceguera y parálisis.

La prohibición de las drogas en Estados Unidos y en el resto del mundo va a llenar las cárceles de consumidores de marihuana, heroína y cocaína, impulsando la adicción a las drogas y todo un negocio creado detrás de grandes intereses.

La prohibición creó al traficante y el traficante al adicto.
En los años 30 aparecen drogas como la anfetamina y la metanfetamina, artículos de venta libre en farmacias para la congestión nasal, el mareo, la obesidad, la depresión y la sobredosis de hipnóticos. Como estimulantes del sistema nervioso, son diez o veinte veces más fuertes que la cocaína y mucho más baratos. Se usan por soldados durante la segunda guerra mundial y luego por gente mayor, estudiantes y amas de casa bajo el lema: “dos pastillas son más eficaces que un mes de vacaciones”. Tiene adictos de todas las clases, por lo que no son condenados socialmente.

Luego aparecen los barbitúricos, pastillas que aturden y desinhiben, legales y de venta libre en todo el mundo: los consumidores tienen siempre un tarrito en su mesita de noche.

En los años 50 nacen sedantes para la ansiedad como el Valium o la Diacepán, que son recetadas a miles de personas de forma médica y que todavía se consiguen en las farmacias a pesar de su altísima adictividad y efectos secundarios.

El papel de la CIA es importantísimo para comprender el tráfico de drogas en el mundo, ya que el gobierno estadounidense se dio a la tarea de apoyar a gángsteres italianos contra los sindicatos comunidades de la época, además de proteger a las tropas anticomunistas en Asia Oriental. La situación de Vietnam obligó a los gringos a aliarse con narcotraficantes de la zona, lo que aprovechó la CIA para exportar heroína a Estados Unidos.

Los primeros grandes traficantes de cocaína fueron altos funcionarios del gobierno de Batista en el exilio, o sea, anticastristas que huyeron a Miami y otras ciudades gringas. Durante la revolución sandinista, los gringos establecen el nexo con la Contra nicaragüense, financiada por carteles colombianos a cambio de introducir en la Yunai avionetas cargadas de cocaína.

Una gran parte de la producción y el tráfico están en manos de grupos “antisubversivos” financiados por los gringos y quienes se lucran no son indígenas ni campesinos, y ni siquiera se benefician las economías nacionales, porque una política de represión selectiva liquida en cada país el pequeño tráfico y la producción artesanal, consolidando precios de monopolio para las cúpulas de los ejércitos y la policía en toda Latinoamérica.

Desde los años sesenta, el director de la DEA -oficina de control de drogas en Estados Unidos afirmó que para luchar contra las drogas es necesario reducir su pureza y elevar el precio. Esta estrategia del represor coincide curiosamente con la conveniencia del narcotraficante, que se llena los bolsillos cuando la droga está mezclada y cara.
De hecho, la adulteración de las drogas para el mercado callejero provoca cualquier cantidad de muertes de adictos: el mercado de heroína muy impura multiplica por cien el número de muertes atribuidas a sobredosis. Esto se debe no tanto a la droga en sí sino a las sustancias químicas utilizadas para “el corte” del producto.

Durante los años 80, mientras las políticas neoliberales disparan la pobreza y ensanchan las desigualdades sociales, creando focos de miseria en las ciudades, los gobiernos y los medios de comunicación señalan a las drogas como una “plaga apocalíptica” y las responsabilizan de la inseguridad creciente.

De esta forma, al mismo tiempo que el negocio de la cocaína se consolida en todo el mundo gracias a la prohibición, se comienzan a desarrollar los derivados o también llamados drogas de diseño. Estos quimicazos como la piedra o crack, que son tanto analgésicos como estimulantes, nacen de la prohibición, a diferencia de las otras drogas que primero fueron legales y luego restringidas.

Son sustancias descubiertas por químicos y ensayadas en laboratorios o cocinas domésticas antes de ser lanzadas al mercado negro, como una respuesta de los traficantes a la cruzada contra las drogas. El tráfico clandestino está monopolizado (gracias a servicios secretos, ejércitos y policías) y crea drogas mucho menos puras y por eso más tóxicas.
La piedra, por ejemplo, que es cocaína cocinada con bicarbonato, resulta mucho más potente y barata que la cocaína, y por lo tanto más accesible para los pobres que cada día se multiplican en América y el mundo.